Enfoques

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PRINCIPIOS RECTORES O ENFOQUES

1. EDUCACIÓN EN LIBERTAD

El enfoque de educación en libertad que rige la filosofía de Qosqo Maki tiene sus orígenes en el nuevo enfoque pedagógico de una educación liberada que quiere alejarse de lo que proponen las tradicionales teorías de la educación.

Los principales referentes son Antonio S. Makarenko (1888-1939), C. Celestín Ferinet (1896-1966) y Paulo Freire (1921-1997). Para el primero la pedagogía no es una doctrina, sino una “ciencia con finalidades prácticas”, en donde la disciplina y la organización exigen una educación de la libertad, lejos del voluntarismo paidalógico. El autor se considera partidario de una educación activa, para formar ciudadanos con cualidades de responsabilidad, colaboración, solidaridad, dominio de la voluntad, condiciones personales que impidan la sumisión y la explotación.

Para Freinet la pedagogía está muy lejos de ser un recetario de consejos y práctica, más bien, es un modo de entender la educación y el proceso educativo. Para el autor el niño necesita unas actividades y tareas que se ajusten a sus necesidades e intereses y es menester darle libertad para realizarlas según los procedimientos que le son naturales, independientemente de lo que el sistema (sobretodo el sistema escolar) tenga establecido sobre lo que es el proceso de adquisición del conocimiento. Ignorando esta ley que propone el autor se dará, indudablemente, el fracaso en los procesos de aprendizaje. Freinet confía plenamente en la naturaleza del niño y en sus potencialidades, siendo él mismo quien construye su propia personalidad, a partir del llamado tanteo experimental. Porqué el conocimiento de todos los aprendizajes en el niño es solo un tanteo mecánico, impulsado por la necesidad innata de vivir, cuya interrelación origina una experiencia, que no es otra cosa que una sistematización y utilización, en un nivel superior, de los talentos mecánicos.

Freire es el precursor de la llamada pedagogía del oprimido, donde los educadores y los educandos trabajan juntos para desarrollar una visión crítica del mundo en el que viven. El autor afirma fuertemente la relación entre la solidaridad y la liberación, y que los oprimidos tienen que ser agentes activos en el proceso de liberarse. Freire explica que hay mucho que se puede hacer antes de transformar la realidad opresora. Estos “trabajos educativos” buscan que el oprimido toma de conciencia de su situación de opresión y compromiso en la praxis, con su transformación. Así pues, se expone que la educación habrá de ser transformadora, en un medio de aprender a vivir viviendo.

También es bueno destacar las aportaciones de Alexander Suthherland Neill, con teorías antiautoritarias, que tiene una postura de afirma que no puede haber libertad si los niños/as no se sienten completamente libres para poder gobernar su propia vida social. Para el autor la educación es, primordialmente, un asunto de emociones, y lo que propone es poder crear un ambiente propicio en el que las emociones se desarrollen y se expresen libremente.

Qosqo Maki ha podido establecer bases conceptuales desde la reflexión sobre la práctica, que muestran una lógica interna, al mismo tiempo que coinciden con una corriente que cuestiona y busca alternativas al modelo dominante de desarrollo, como son las propuestas pedagógicas citadas anteriormente, más los planteamientos de Manfred Max Neef4 (Desarrollo a escala humana), Muhamat Yunus (Grameen Bank), Françoise Dolto entre otros. Así se lucha por un desarrollo social construido desde las diferencias y basado en la ampliación de las libertades, multiplicación e igualdad de oportunidades y respeto por las opciones de las personas.

El enfoque de Qosqo Maki implica confiar en el usuario del servicio, ya que el niño/a es posibilidad, es persona, es responsabilidad, es actor y sujeto social5. Por lo tanto se trata de una opción filosófica que reconocer al niño/a y adolescente como sujeto principal de su propio desarrollo y socialmente útil, es decir, capaz de provocar cambios en el entorno social, como niño/a, no solamente como futuro adulto. Y parte de la definición muy simple del desarrollo que señala Wiliam Draper del PNUD: “el propósito del desarrollo es la condición indispensable para ejercer su libertad”.

Por lo tanto, el niño/a como posibilidad para ampliar oportunidades de desarrollo de competencias; como persona capaz de llegar a consensos; como responsabilidad al respetar sus opiniones y confiando en sus capacidades; como actor para construir conjuntamente; y como sujeto social reconociendo su utilidad social.

Esta dinámica se activa a partir de las opciones del niño/a y sus esfuerzos por desarrollarse, siendo él el principal actor que activa la dinámica de la institución. De esta manera se entiende que el usuario es parte de un colectivo, con el que se identifica y es aceptado como tal. Tiene derechos a las oportunidades ofrecidas en los diferentes espacios de la institución, así como deberes y responsabilidades que asumir o hacer; demostrando sus aprendizajes y capacidades en el mundo que lo rodea y su espacio social.

La Educación en Libertad tiene que lograr reforzar, mediante diversos mecanismos, la capacidad de la población de niños/as y adolescentes trabajadores en situación de calle, para enfrentar positivamente los obstáculos que encuentran para su desarrollo integral. Su principales características reconocidas por Qosqo Maki son:

  • Los aprendizajes que uno quiere adquirir para entender la vida, el mundo que lo rodea y su espacio social.
  • El aprendizaje es global; entran juntos conocimientos, actitudes y habilidades envueltos en un mar de emociones que son las que provocan ir más allá.
  • Acontece cuando es el niño quien siente la necesidad de entender el mundo y la sociedad, cuando quiere hacerse su opinión para ubicar su utilidad social.
  • No es un asunto individual; parte de las inquietudes del niño, pero necesita conversarlas, compartirlas, darse cuenta que no hay una sola respuesta, que es complejo, que le faltan elementos.
  • Necesita espacios no formales para que los aprendizajes se produzcan al ritmo conveniente y en el momento necesario.No invalida ni compensa la educación formal, la cual responde a la necesidad que tiene la sociedad de transmitir cultura al ciudadano. Ambas se complementan

La dificultad mayor es para el educador porque, tampoco para él, hay modelo. Él, no enseña; enseñan las circunstancias, los compañeros, la curiosidad. Él tiene que aprender a escuchar al que no encuentra la palabra justa, a entender comportamientos en lugar de razonamientos, a aceptar puntos de vista aparentemente lógicos, a sugerir, a aclarar, a animar, a debatir y más que todo a ser coherente.

2. COGESTIÓN  

Para poder exponer la cogestión, como la guía del quehacer institucional se deben retomar los planteamientos de Judith Ennew5, donde se plantea al niño/a como actor social y sujeto de derecho. La autora utilizará un enfoque de derechos humanos para poder tapar el vacío que hay en poder justificar filosóficamente la participación activa de los menores. Y asegura que la participación es el fundamento y piedra angular de asegurar que los niños/as son sujetos de los mismos derechos humanos. Las siguientes son palabras de la misma autora: Los argumentos para la participación de los niños/as quizás empieza con el romance de las voces de los niños/as, “pequeñas voces”, a las cuales ahora estamos instruidos a oír, pero las cuales han tendido a ser empujadas por el clamor de voces adultas, tanto como las voces femeninas lo han sido hasta haber recibido recientemente la audiencia no recibida a través de la historia.

También se puede citar la experiencia del ya mencionado Alexander Suthherland Neill, teniendo en su teoría uno de los componentes básicos el autogobierno institucional, para poder aprender a vivir en una comunidad que se organiza por ella misma. El autor hacer referencia especial a la estrategia de la asamblea de educadores y educandos, como punto de base para poder potencial el desarrollo de la conducta moral y poner en marcha mecanismos basados en la libertad y en la disciplina asumida espontáneamente.

Por lo tanto como derecho humano y como estrategia educativa, la implicación de los diferentes actores en la participación de la gestión de los espacios se vuelve necesaria. La cogestión determina la organización interna del servicio, definiendo con claridad obligaciones y derechos de cada uno/a, sea usuario/a o educador/a, de acuerdo a qué criterios se distribuyen las tareas indispensables para que funcione cualquier servicio colectivo y quiénes deben asumir los gastos correspondientes.

La cogestión debe asegurar la participación de todos. Para su buena aplicación, será necesario que ésta sea el resultado de un proceso voluntario y no una obligación o imposición. Los actores implicados deben ser: los usuarios (confiar en su capacidad, concertar, respetar sus opiniones y reconocer su utilidad social), la comunidad (coordinar, proponer y difundir) y la asociación (comprometerse, debatir, aportar y aprender).

La presencia del adulto interactuando con los jóvenes debe ser llevada a cabo como rol de catalizador, promoviendo el buen funcionamiento de los espacios. Este debe permitir que los debates se lleven ordenada y cordialmente, que las decisiones tomen en cuenta la diversidad de opiniones e intereses, que se llegue a consensos y que los acuerdos se respeten.

Esta práctica proporciona un alcance netamente educativo y de amplia participación de los usuarios, los cuales ejercen ciudadanía demostrando su capacidad de debatir y asumir compromisos.

Las responsabilidades de usuarios y educadores son necesarias para la marcha del servicio y se complementan o se comparten según los casos (ejemplos: caja común, tareas diarias y dominicales de limpieza, asambleas, evaluaciones...). Todos participan en la toma de decisiones en igualdad de condiciones, donde cada uno es reconocido como sujeto de derechos y obligaciones, y por lo tanto, responsable de sus actos que marcan la vida institucional y cotidiana.

Las estrategias para la cogestión siempre se llevan a cabo mediante el diálogo y la conversación entre los diferentes actores. Algunas de las estrategias son: organización de espacios de debate, diálogo e intercambio de experiencias y conocimientos, apoyando las iniciativas, elaboración de normas de convivencia y funcionamiento de los espacios... esto deberá garantizar un correcto y eficiente funcionamiento del grupo o institución.

El esfuerzo de todos se concentra en construir día a día, y conjuntamente, un sistema de educación en libertad que propicie el ejercicio de ciudadanía de niños, niñas y adolescentes y que este pueda ser replicado en otros ámbitos. Esto les permitirá saber administrar y gestar su propio futuro, sin dejar de lado que el colectivo es parte determinante en este tipo de esquemas.

Una cogestión, llevada a cabo con mucha responsabilidad y creatividad, puede ser una vía para garantizar el protagonismo de los niños/as y adolescentes trabajadores en situación de calle, en el planteamiento de situaciones que afectan directamente sus vidas y convertirse en un instrumento de cambio personal, familiar y social que impulsará hacia una verdadera participación en los diferentes espacios y aspectos de la vida y a su vez, promoverá el paso hacia una nueva sociedad igualitaria.

En resumen se trata de cooperar para activar una dinámica que produce conocimientos útiles para todos los actores, eliminando, en la medida de lo posible, las relaciones de dependencia que se instalan cuando todas las partes no tienen intereses convergentes en la acción. Cooperar con niños y adolescentes implica reconocer que tienen un rol específico e imprescindible en el desarrollo social, al igual que las mujeres, los ancianos, los empresarios, los universitarios, los comunicadores sociales o cualquier otra clasificación que se considere.

La cooperación se entiende así:

  • Es esfuerzo conjunto desde identidades diferentes.
  • Establece relaciones de igualdad, descartando tanto compasión y asistencialismo como dominación.
  • Cada parte actúa para producir conocimientos útiles para los demás.
  • Se exige coherencia y se aceptan las diferencias.
  • Se respeta la autonomía de cada parte y no se impone.
  • Se confía en las capacidades de las demás partes.
  • Se comparten los aprendizajes.